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Multitud – Guerra y Democracia en la Era del Imperio

Por Michael Hardt y Antonio Negri

  Trad: Montag xmontag5x@yahoo.com

2. Multitud

 

La acción política orientada a la transformación y a la liberación hoy, sólo puede ser conducida sobre la base de la multitud. Para entender este concepto de multitud en su forma más general y abstracta, permítannos contrastarlo primero con aquel de pueblo[1]. El pueblo es uno. La población, por supuesto, está compuesta de numerosos y diferentes individuos y clases, pero el pueblo sintetiza o reduce estas diferencias sociales a una sola identidad. La multitud, en contraste, no está unificada, sino que se mantiene plural y múltiple. Es por esta razón que, según la tradición dominante de la filosofía política, el pueblo puede gobernar como un poder soberano y la multitud no. La multitud está compuesta por un conjunto de singularidades – y por singularidad aquí entendemos un sujeto social cuya diferencia no puede ser reducida a la mismidad, una diferencia que permanece diferente. Las partes componentes del pueblo son indiferentes en su unidad; ellas se tornan una identidad negando o dejando a un lado sus diferencias. Las singularidades plurales de la multitud se encuentran de esta manera en contraste con la indiferenciada unidad del pueblo.

   La multitud, sin embargo, aunque permanece múltiple, no está fragmentada, ni es anárquica, ni incoherente. El concepto de multitud debe entonces también ser contrastado con una serie de otros conceptos que designan colectivos plurales, tales como la muchedumbre, las masas, o el gentío. Dado que los diferentes individuos o grupos que conforman la muchedumbre son incoherentes y no reconocen elementos compartidos en común, su colección de diferencias permanece inerte y puede fácilmente presentarse como un agregado indiferente. Los componentes de las masas, el gentío, y la muchedumbre no son singularidades – y esto es obvio si se parte del hecho de que sus diferencias colapsan fácilmente en la indiferencia del todo. Además, estos sujetos sociales son fundamentalmente pasivos en el sentido de que no pueden actuar por sí mismos, sino que deben ser dirigidos. La muchedumbre o el gentío o la turba pueden tener efectos sociales – frecuentemente efectos horriblemente destructivos – pero no pueden actuar según su propio acuerdo. Es por esto que son tan susceptibles a la manipulación externa. La multitud designa un sujeto social activo, que actúa en base a lo que las singularidades comparten en común. La multitud es un sujeto social internamente diferente y múltiple, cuya constitución y acción está basada, no en la identidad o en la unidad (o, mucho menos, en la indiferencia), sino en lo que tiene en común.

    Esta inicial definición conceptual de la multitud plantea un claro reto a la entera tradición de la soberanía. Como explicaremos en la parte 3, una de las recurrentes verdades de la filosofía política es que sólo el uno puede gobernar, sea éste el monarca, el partido, el pueblo, o el individuo; los sujetos sociales que no están unificados y permanecen múltiples no pueden gobernar y, por el contrario, deben ser gobernados. En otras palabras, todo poder soberano forma necesariamente un cuerpo político en el cual hay una cabeza que manda, extremidades que obedecen, y órganos que trabajan juntos para apoyar al gobernante. El concepto de la multitud desafía esta aceptada verdad de la soberanía. La multitud, aunque permanece múltiple e internamente diferente, es capaz de actuar en común y, de esta manera, gobernarse a sí misma. En vez de un cuerpo político con uno que comanda y otros que obedecen, la multitud es carne viva que se gobierna a sí misma. Por supuesto esta definición de la multitud suscita numerosos problemas conceptuales y prácticos, los cuales discutiremos extensamente en el presente y el siguiente capítulo, pero debe estar claro desde el comienzo que el desafío de la multitud es el desafío de la democracia. La multitud es el único sujeto social capaz de realizar la democracia, esto es, el gobierno de todos por todos. En otras palabras, las apuestas son extremadamente altas.

   En este capítulo articularemos el concepto de multitud inicialmente desde una perspectiva socioeconómica. La multitud es también un concepto de diferencias de raza, género, y sexualidad. Aquí nuestra concentración en la clase económica, debe ser considerada en parte como una compensación por la relativa falta de atención que se le ha dado al concepto de clase en años recientes, en comparación con las otras líneas de diferencia social y de jerarquía anteriormente aludidas. Como veremos, las formas contemporáneas de producción, que llamaremos producción biopolítica, no están limitadas al fenómeno económico, sino que tienden a envolver todos los aspectos de la vida social, incluyendo la comunicación, el conocimiento y los afectos. Es también útil reconocer desde el comienzo, que algo similar al concepto de multitud ha sido desde hace largo tiempo parte de poderosas corrientes de políticas feministas y antirracistas. Cuando decimos que no queremos un mundo sin diferencias raciales o de género, sino un mundo en el que raza y género no importen, es decir, un mundo en el que aquello no determine jerarquías de poder, un mundo en que las diferencias se expresen libremente, estamos expresando un deseo para la multitud. Y, por supuesto, para que las singularidades que componen la multitud puedan sustraer el carácter limitante, negativo y destructivo de las diferencias y hacer de éstas nuestra fuerza (diferencias de género, diferencias raciales, diferencias de sexualidad y así sucesivamente), debemos transformar radicalmente el mundo[2].

   Desde la perspectiva socioeconómica, la multitud es el sujeto común del trabajo, es decir, la carne real de la producción posmoderna y, al mismo tiempo, el objeto de donde el capital colectivo trata de formar el cuerpo de su desarrollo global. El capital quiere convertir a la multitud en una unidad orgánica, justo como el estado quiere convertirla en un pueblo. Es aquí, donde a través de las luchas del trabajo, la figura productiva biopolítica real de la multitud comienza a emerger. Cuando la carne de la multitud es aprisionada y transformada en el cuerpo del capitalismo global, ésta se encuentra al mismo tiempo dentro y en contra de los procesos de la globalización capitalista. La producción biopolítica de la multitud, sin embargo, tiende a movilizar lo que comparte en común y lo que produce en común contra el poder imperial del capital global. En un tiempo, desarrollando su figura productiva basada en lo común, la multitud podrá moverse a través del Imperio y salir del otro lado, para expresarse a sí misma autónomamente y autogobernarse.

   Debemos reconocer desde el principio la extensión del dominio del capital. El capital ya no gobierna únicamente sobre sitios limitados de la sociedad. A medida que el gobierno impersonal del capital se extiende por toda la sociedad, mucho más allá de los muros de las fábricas y geográficamente alrededor del globo, el mando capitalista tiende a volverse un “no-lugar” o, realmente, un “todo-lugar”. Ya no hay un afuera del capital, como tampoco hay un afuera de las lógicas del biopoder que describimos en la parte 1, y esta correspondencia no es coincidencia, dado que el capital y el biopoder funcionan íntimamente juntos. Los lugares de explotación, en contraste, son siempre determinados y concretos y, por esto, debemos entender la explotación en base a los sitios específicos donde está localizada y en base a las formas específicas en que está organizada. Esto nos permitirá articular conjuntamente una topología de las diferentes figuras de trabajo explotado y una topografía de su distribución espacial alrededor del globo. Tal análisis es útil porque el lugar de la explotación es un sitio importante donde se originan actos de negativa y éxodo, de resistencia y lucha. Este análisis conducirá entonces a la crítica de la economía política de la globalización basada en las resistencias a la formación del cuerpo del capital global y en los potenciales liberadores de los poderes comunes compartidos por la multitud trabajadora global.

 

(Extraído y traducido de Hardt, Michael y Negri, Antonio (2004). Multitude. War and Democracy in the Age of Empire. New York, The Penguin Press, p. p. 99-102.)


 

[1] Sobre la distinción entre la multitud y el pueblo, ver Paolo Virno, Grammatica della moltitudine (Cantanzaro: Rubbettino, 2001), 5-7 (Edición en castellano: Virno, Paolo (2003). Gramática de la multitud. Madrid, Traficantes de sueños, p.p. 21-24); y Marco Bascetta, “Multitudine, popolo, massa”, en Controimpero (Roma: Manifestolibri, 2002), 67-80.

[2] Para una formulación clásica de la liberación basada en “la interdependencia de diferencias mutuas (no-dominantes)”, ver Audre Lorde, “The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House”, en Sister Outsider (Trumansburg, NY: Crossing Press, 1984), 110-13.